¿El teatro ha muerto?

Me lo pregunto porque nosotros, los teatreros, locos por hacer y seguir haciendo teatro, tratamos de encontrar una forma de «teletransportarlo» a lo virtual, la mayoría movidos por el confinamiento, el aburrimiento del encierro y la incertidumbre de cuando iremos regresar a los escenarios.

¿Será por qué es un arte tan antiguo que el teatro se niega a morir? Lo que sí es cierto, es que el teatro cuando es filmado, se transforma en algoritmos y deja de ser teatro y pasa a ser video. Mejor me detengo por aquí o creo que voy a crear polémica, menos mal que el teatro se presta a eso: El lenguaje teatral no está concebido para ser filmado. Se desintegra en el intento, cómo en la película «La mosca», de 1958 dirigida por Kurt Neumann, luego hicieron dos versiones más, dónde una mosca se cuela en un experimento de laboratorio y se funde con un ser humano dentro de una máquina de tele-transportación y el resultado es obvio: un monstruo.

En el teatro todo se trata de creencia y que un actor deba confrontarse con el espectador y compartir con él en un tiempo cronológico, en un espacio físico demarcado como escenario, además de otros misterios del ritual; presencia, intercambio de miradas, respiraciones, calor humano, convenciones teatrales, todo eso para crear lo que podemos llamar «fenómeno teatral», bueno, no siempre es un fenómeno, menos mal, porque es efímero, y este es otra de sus principales características. En el teatro el actor debería dejar su corazón, mostrar su técnica, proyectar su cuerpo y su voz. El espectador debería recibir todo eso, o no recibe nada, o se conecta con el actor, o no, debería sentir sus mismas emociones, o no, pero si todo funciona, y el espectador se identifica, llorará, reirá, pensará, para bien o para mal del actor. En el teatro el actor siempre busca dar lo mejor de sí, y trata de mejorar cada vez más su performance con la repetición, función tras función ¿Cómo hacerlo en un video después de que lo digan «corte/queda»?)

Después del evento teatral, el espectador se va a su casa y debería recordar la experiencia «vivida», debería sentirse bien, relajarse y fumarse un cigarrillo, para los que encuentran placer en esto, o tomarse una buena copa de vino para finalizar la noche sintiendo que ha participado de una «experiencia», porque el teatro es sexy, es místico, sagrado y profano, siempre ha sido un lugar para el encuentro de los cuerpos. Cuando tratamos de sacarlo de su agua, y teletransportar esa experiencia; «onlinezarla», «Zoomsilizarla», ¿No estamos corriendo el riesgo de dejar que se meta la mosca intrusa de la película, pero en nuestro caso no sabremos el final o qué monstruo estamos creando? Al convertirnos en 0-1,1-1,0-0,1-0, sí: algoritmos, numeritos que forman las imágenes en nuestros celulares y computadoras. Pasamos a ser copias mal copiadas de nuestras emociones. Bueno, está bien, no digo que no hagamos nada, pero no tengo la fórmula para esta situación, debo tener un bloqueo creativo, culpa del encierro y la falta de ver gente de verdad (ver dar), de contacto social.

En el teatro el actor siempre busca dar lo mejor de sí, y trata de mejorar cada vez más su performance con la repetición, función tras función ¿Cómo hacerlo en un video después de que lo digan «corte/queda»?)

Pero podemos grabar el teatro, como material de archivo o para «pescar» algún Festival, o asistirlo en sesiones privadas en las fiestas del elenco, para reírnos de nuestras equivocaciones en escena, o usarlo para extraer los clips más comerciales como material promocional, etc… Bueno, muchas veces, olvidamos dichas grabaciones en las gavetas, o en los depósitos de escenografías, porque pareciera que en el Teatro, todo lo que es «vivo», lleno de significado (utilerías, escenografías, vestuarios, luces), al bajar el telón, se convierte en «cachivaches» (coronas de anime, joyas de plástico y senos de goma espuma), todo en el teatro pareciera perder el sentido con el telón abajo, incluyendo los actores, que dejan de ser Príncipes de Dinamarca y cuentan los «churupos» para pagarse un pasaje de autobús de regreso a su vida real.

¡El teatro ha muerto! Una frase, que muchos la hemos escuchado, pero, no, no se muere, se niega, a lo mejor nunca morirá, estamos en el depósito, en terapia intensiva, conectados a respiradores. Saldremos algún día, desde que superemos este triste momento, y vuelva a existir un lugar físico para nosotros, espero que no sea un espacio virtual. Creo que, para contar historias en lo virtual, debemos aprender con nuestro hermano, el cine; aprender sus técnicas, sus lenguajes particulares, para pasar a expresarnos por video y que nos apoyemos de lo virtual como plataforma de expresión artística, pero eso no es teatro. Sería bueno si pudiéramos encontrar un nombre a eso, llamar las cosas por su nombre es muy bueno para no generar confusión en la apreciación de quién recibe el material y el mensaje final: (Grabación casera, Transmisión en vivo, algo que no tuviera la palabra teatro).

Al convertirnos en 0-1,1-1,0-0,1-0, sí: algoritmos, numeritos que forman las imágenes en nuestros celulares y computadoras. Pasamos a ser copias mal copiadas de nuestras emociones.

Debemos ser creativos sí, y estar preparados para sacarlo del depósito más adelante. Por ahora a cuidarnos y cuidar los unos a los otros, Por ahora me siento como utilería, dentro de mi propio baúl de corotos, hecho goma espuma y esperando el momento propicio para resignificarme. Creo que el espectador tendrá una gran responsabilidad por salvar lo teatral en los teatreros, y son muchos los hacedores de teatro que están tratando de salvarse: Sobrevivir para seguir creando encuentros con su público, por lo que sugiero que por ahora todos sigamos usando máscaras…

«El Teatro ha muerto»¿Quién dijo eso? No me acuerdo, no importa, hay que buscarlo en Google. Solo espero que más adelante no estemos todos usando la frase: «Feliz dia Nacional del Teatro virtual»

<strong>Ricardo Nortier</strong>
Ricardo Nortier

Actor, Director y Productor teatral. Director general del Circuito de Arte Cénica y uno de los directores miembro del grupo Teatro del Contrajuego – Venezuela desde 1996.